mayo 27, 2021

Esta es la historia de dos amigos que salieron a matar con las normas de un juego que había inventado uno de ellos. Un caso con varias controversias: el estado mental de los culpables o la causa por la que son capaces de matar. Se aseguró en los medios de la época que los juegos de rol te secaban el cerebro, y podían convertirte en un asesino. Esta es la historia de Javier Rosado y Felix Martínez, los asesinos del rol.

Escucha el episodio sobre el crimen del juego de rol

Diario de Javier Rosado, el asesino del rol

Reproducido en el diario El País (enlaces más abajo)

La muerte de un idiota

«Salimos a la 1.30. Habíamos estado afilando cuchillos, preparándonos los guantes y cambiándonos. Elegimos el lugar con precisión. Yo memoricé el nombre de varias calles por si teníamos que salir corriendo y en la huida teniamos que separamos. Queda mos en que yo me abalanzaría por detrás mientras él le debilitaba con el cuchillo de grandes dimensiones. Se suponía que yo era quien debía cortarle el cuello. Yo sería quien matara a la primera víctima. Era preferible atrapar a una mujer, joven y bonita (aunque esto último no era imprescindible, pero sí saludable), a un viejo o a un niño. Llegamos al parque en el que se debía cometer el crimen, no había absolutamente nadie. Sólo pasaron tres chicos, me pareció demasiado peligroso empezar por ellos. Decidimos hacer una ronda buscando a nuevas posibles víctimas. En la calle Cuevas de Almanzora vimos a una morena que podía haber sido nuestra primera víctima. Pero se metió enseguida en un coche. Nos lamentamos mucho de no cogerla. Nos dejó con el agua en la boca.

La segunda víctima era una jovencita de muy buen ver, pero su novio la acompañaba en un repugnante coche y la dejó allí. Fuimos tras ella, pero se metió en un callejón, se cerró la puerta tras su nuca. Después me pasó un tío a 10 centímetros.

Si hubiese sido una mujer, ya estaría muerta. Pero a la hora que era la víctima sólo podía ser una mujer. Después fuimos a beber agua a una fuente de la calle de Becares. En la parada de autobús vimos a un hombre sentado. Era una víctima casi perfecta. Tenía cara de idiota, apariencia feliz y unas orejas tapadas por un walkman. Pero era un tío. Nos sentamos junto a él. Aquí la historia se tomó casi irreal. El tío comenzó a hablar con nosotros alegremente. Nos contó su vida. Nosotros le respondimos con paridas de andar por casa. Mi compañero me miró interrogativamente, pero yo me negué a matarle. Llegó un búho y el tío se fue en él. ( … )

Una viejecita que salió a sacar la basura se nos escapó por un minuto, y dos parejitas de novios (¡maldita manía de acompañar a las mujeres a sus casas!).

Serían las cuatro y cuarto, a esa hora se abría la veda de los hombres. Mi compañero propuso coger un taxi, atracarle y degollarle. Rehusé el plan. ( … ). Vi a un tío andar hacia la parada de autobuses. Era gordito y mayor, con cara de tonto. Se sentó en la. parada.

( … ) El plan era que sacaríamos los cuchillos al llegar a la parada, le atracaríamos y le pediríamos que nos ofreciera el cuello (no tan directamente, claro). En ese momento, yo le metería el cuchillo en la garganta y mi compañero en el costado. La víctima llevaba zapatos cutres, y unos calcetines ridículos. Era gordito, rechoncho, con una cara de alucinado que apetecía golpearla, y una papeleta imaginaria que decía: «Quiero morir». Si hubiese sido a la 1.30, no le habría pasado nada, pero ¡así es la vida!Nos plantamos ante él, sacamos los cuchillos. Él se asustó mirando el impresionante cuchillo de mi compañero. Mi compañero le miraba y de vez en cuando le sonreía (je, je, je). Le dijimos que le íba mos a registrar. ¿Le importa poner las manos en la espalda?, le dije yo. Él dudó, pero mi compañero le cogió las manos y se las puso atrás. Yo comencé a enfadarme porque no le podía ver bien el cuello.

Me agaché para cachearle en una pésima actuación de chorizo vulgar. Entonces le dije que levantara la cabeza, lo hizo y le clavé el cuchillo en el cuello. Emitió un sonido estrangulado. Nos llamó hijos de puta. Yo vi que sólo le había abierto una brecha. Mi compañero ya había empezado a debilitarle el abdomen a puñaladas, pero ninguna era realmente importante. Yo tampoco acertaba a darle una buena puñalada en el cuello. Empezó a decir «no, no» una y otra vez. Me apartó de un empujón y empezó a correr. Yo corrí tras él y pude agarrarle. Le cogí por detrás e intenté seguir degollándole. Oí el desgarro de uno mis guantes. Seguimos forcejeando y rodamos. «Tíralo al terraplén, hacia el parque, detrás de la parada de autobús. Allí podríamos matarle a gusto», dijo mi compañero. Al oír esto, la presa se debatió con mucha más fuerza. Yo caí por el terraplén. Quedé medio atontado por el golpe, pero mi compañero ya había bajado el terraplén y le seguía dando puñaladas. Le cogí por detrás para inmovilizarle y así mi compañero podía darle más puñaladas. Así lo hice. La presa redobló sus esfuerzos. Chilló un poquito más: «Joputas, no, no, no me matéis».Ya comenzaba a molestarme el hecho de que ni moría ni se debilitaba, lo que me cabreaba bastante. ( … ). Mi compañero ya se había cansado de apuñalarle al azar.Encontré el cuchillo (hummm, me parece que me he colado; no perdí mi cuchillo porque, si no, no habría podido hacer todo lo que voy a decir ahora). Se me ocurrió una idea espantosa que jamás voveré a hacer y que saqué de la película Hellraíser, cuando los cenobitas de la película deseaban que alguien no gritara le metían los dedos en la boca. Gloriosa idea para ellos, pero qué pena, porque me mordió el pulgar. Cuando me mordió (tengo la cicatriz) le metí el dedo en el ojo. ( … )Seguía vivo, sangraba por todos los sitios. Aquello no me importó lo más mínimo. Es espantoso lo que tarda en morir un idiota. ( … ) Vi una porquería blanquecina saliendo del abdomen, y me dije: «Cómo me paso». ( … )( … ) Le dije a mi compañero que le cortara la cabeza, lo hizo y escuché un «ñiqui, ñiqui».( … )A la luz de la luna contemplamos a nuestra primera víctima. Sonreímos y nos dimos la mano. ( … ) A mitad de camino recordé que en el forcejeo se me había caído el reloj. Volvimos a la escena del crimen (el animal siempre vuelve), pero no lo encontramos. Llegamos a casa a las cinco y cuarto, nos lavamos y tiramos la ropa.Me daba la sensación de haber cumplido con un deber, con una necesidad elemental ( … ) Eso me daba esperanza para cometer nuevos crímenes. Al día siguiente reparé en las posibilidades de que nos pillase la policía. El reloj, el trozo de guante, estaban en contra. Mi punto débil era también que él me había dejado lleno de heridas. Le conté todo a un futuro ayudante de ideales parecidos, pero con menos sangre fría que yo. No salió información en los noticiarios, pero sí en la prensa, EL PAÍS, concretamente. Decía que le habían dado seis puñaladas entre el cuello y el estómago (je, je, je). Decía también que era el segundo cadáver que se encontraba en la zona y que tenía 70 puñaladas (¡qué bestia es la gente!). El crimen había sido sobre la una (¡sopla!, a esa hora estaba yo jugando con un amigo al ordenador. Es mi coartada perfecta).¡Pobre hombre!, no merecía lo que le pasó. Fue una desgracia, ya que buscábamos adolescentes y no pobres obreros trabajadores. En fin, la vida es muy ruin. Calculo que hay un 30% de posibilidades de que la policía me atrape. Si no es así, la próxima vez le tocará a una chica y lo haremos mucho mejor.”

Imágenes de este caso

Carlos Moreno, la víctima
Cuchillos encontrados en casa de Félix Martínez
Javier Rosado
Javier Rosado, detenido

Documentación que he usado para escribir este episodio sobre

Territorio negro – Sección programa de radio “Julia en La Onda”: El crimen del rol

TVE, Víctimas del Misterio – El crimen del rol

Wikipedia – Crimen del rol

Wikipedia – Javier Rosado

Wikipedia – Prisión permanente revisable

Criminalia – Javier ROSADO CALVO

El cierre digital (Ignacio Fernández ) – Jugar a matar: La historia de Javier Rosado y el ‘Crimen del Rol’, que impactó a la sociedad en los años 90

El País – 09 JUN 1994 – “Es espantoso lo que tarda en morir un idiota»

El País (José Antonio Hernández)- 09 JUN 1994 – Los ‘asesinos del juego’ intentaron reclutar adeptos entre sus amigos

El País (Jan Martínez Ahrens) – 26 ENE 1997 – Diario de una muerte

El País (José Antonio Hernández) – 30 ENE 1997 – Los peritos discrepan sobre la salud mental del principal encausado en el ‘crimen del rol

El País (José Antonio Hernández – 30 ENE 1997 – «Es un psicópata que finge estar loco»

El País (José Antonio Hernández) – marzo 2008 El asesino del rol tiene permiso para salir a la calle los fines de semana

El País (Francisco Peregil) – 14 AGO 2017 – … Y mato porque me toca

El Español (David López Frías ) – “¡Lo que tarda en morir un idiota!”: 25 años del terrible crimen del rol, con los asesinos sueltos

Muerte de Jesús de Torres Vadillo

El País – 1 feb 1996 – 27 años por matar a un, hombre de 89 puñaladas y sacarle los ojos

El País (Begoña Aguirre) 6 abril 1994 – El cadáver con 70 puñaladas es de un conserje de familia rica

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ClaraTiscar


Escribo novela negra y soy un poco criminópata. Además de escribir doy cursos para escritores en mi escuela online (La Teclería)

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  1. Qué barato sale quitar una vida en España. Es increíble, la de años que lleva este asesino en la calle y lo que le queda por delante en comparación con el sesgo de una vida. Alucinante, sinceramente, me da pena que tengamos un sistema penal y procesal tan garantista, y del menor ni hablemos, como si con 17 años tú no entendieras ya lo que es sesgar una vida, de vergüenza.

    Disculpa mi indignación, el trabajo es brutal. Enhorabuena

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